Ruta de Saramago

En 1998, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.

Padre Bartolomeu de Gusmão

Marcado por el espíritu científico, este padre no se identifica con los fanatismos religiosos de la época.

Alimenta el sueño de construir una máquina voladora, algo que le hizo ganar el apodo de «Volador».

Al principio, goza de protección real para avanzar con tal innovador proyecto, pero luego se queda solo, solo dependiente de la colaboración de sus fieles amigos Baltasar y Blimunda. Consigue subir al cielo, pero acaba perseguido por la Inquisición, que le acusa de brujería. Huye a España, donde acaba muriendo. Al contrario de otros personajes del “Memorial del convento”, Bartolomeu de Gusmão existió en la vida real.

Domenico Scarlatti

Ejerció las funciones de maestro de capilla y profesor de la Casa Real de 1720 a 1729.

A pesar de ser contratado por el rey, revela libertad de espíritu suficiente para seguir en secreto el proyecto de la máquina voladora y, en una ocasión, incluso consigue, con su música, curar a Blimunda, de quien se hizo amigo. Igual que Bartolomeu de Gusmão, este personaje, aunque ficcionado en “Memorial del convento”, existió en la vida real.

Pueblo

Es el eslabón más débil. Formado por gente sin recursos, expuesto a las pruebas más duras, a veces emergen de él personajes sorprendentes, llenos de fuerza y coraje, animados por sentimientos tan puros como el amor y la amistad desinteresados. Es este el caso de Blimunda y Baltasar, ejemplos de lo más noble que existe en la naturaleza humana.

Clero

José Saramago es implacable con respecto a la Iglesia católica, entidad que aparece en varias de sus obras. En “Memorial del convento”, cuya acción transcurre en el auge de la Inquisición, el rastro de perdición de los poderosos es bien visible. El Clero emerge de un contexto de crueldad, hipocresía y sed de poder verdaderamente avasalladores.